En la Premiere en Festival de Cine de Roma
Jennifer Lawrence de Christian Dior Haute Couture Fall 2013
Siempre pensé que sería Marion Cotillard para quien Dior reservaría este vestido, pero Jennifer Lawrence acaba de entrar en mi lista de las mejores del año gracias a un look donde demuestra que cuando desde la firma se molestan, Lawrence verdaderamente encarna el ideal contemporáneo de la chica Dior. Porque la maison siempre ha sido el epítome de la costura francesa (y para celebrar esto tenemos a Cotillard), pero Dior vendió mucho vestidos en Hollywood. Y eso también hay que celebrarlo.

Cuando vi esta colección en pasarela hace unos meses me sorprendí con la cantidad de piezas que se alejaban de la línea clásica de la firma y se adentraban en el camino experimental que Raf Simons parece estar trazando para Dior (afortunadamente para el mundo, desafortunadamente para Lawrence), por lo que este vestido y su sutileza captaron mi atención.
En un precioso tono merengue, la esencia de la casa francesa está al mismo tiempo presente y diluida. Camuflada. Las ideas de la Alta Costura se sienten en unas líneas que podrían ser Vionnet y Charles James, pero también Yohji Yamamoto. Una pieza que demuestra la originalidad de Simons al ser capaz de construir con pliegues y superposiciones un vestido que resulta clásico pero contemporáneo en su caída (que nos lleva a París en los años 50) y su ejecución (de vanguardia japonesa). Opuestos que coexisten porque se necesitan el uno al otro. Un vestido que presenta una idea muy bien definida del futuro que el belga está proyectando en Dior.


Y Lawrence encuentra por primera vez desde los Oscar un Dior que encaja con ella. Que genuinamente tiene sentido con su personalidad y no con su contrato. Y es curioso como ambos comparten ese carácter atemporal pero contemporáneo de las líneas de Simons, que en movimiento dejan ver el espectacular trabajo del atelier, y en fotografías evocan una era lejana sin abandonar nunca la nuestra.
Su pelo retirado totalmente hacia atrás y un maquillaje que hace un guiño al glamour de la era dorada de Hollywood complementan la modernidad clásica del vestido. Sus joyas de nuevo son la opción más acertada: unos discretos pendientes de Dana Rebeca Designs y un brazalete para la mano (curioso) de Anna Khouri. Sutil, pero brillante.
Termina con las sandalias "Chaos" de Manolo Blahnik en dorado.
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